Esta semana teníamos el punto de mira puesto en el informe de política monetaria y la subida de tipos de Estados Unidos. Tras confirmarse un alza de 75 puntos básicos y hablarse sobre los principales riesgos a nivel económico, Wall Street ha sufrido una fuerte caída que alimenta los temores a una posible recesión en Estados Unidos. Biden ya advirtió que una contracción no es inevitable.

Se trata de la mayor subida de tipos desde 1994, en un intento muy agresivo por tratar de controlar la inflación. Y es que ya dijeron hace unas semanas que están dispuestos a lo que haga falta con tal de conseguirlo. Aunque en un principio esta decisión fue bien acogida por los mercados, el poco optimismo generado se esfumó rápidamente.

El índice S&P 500 se desplomó un 3,3%, acumulando un retroceso del 24% en lo que va de año. Por su parte, el Dow Jones cayó un 2,4% y el Nasdaq un 4,1%. Joe Biden, presidente de Estados Unidos, sigue asegurando que el país sigue mejor posicionado que cualquier otro país en el mundo, incluso a la hora de hacer frente a la fuerte subida de precios y evitar que se descontrolen.

La última iniciativa de la Fed conlleva un riesgo claro de desembocar en una fuerte recesión, pero el claro costo de esto es aumentar mucho el desempleo. De hecho, se espera en 2023 y 2024 un aumento del mismo, lo que supone frenar la economía.

Por otro lado, hay una teoría que apunta que, si todos los bancos centrales del mundo suben los tipos de interés, el dólar mejorará y los precios de las materias primas recuperarán sus pérdidas. Además, Europa está "enfrascada en un amargo divorcio energético con Rusia", lo que está haciendo subir el precio de crudo. El gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, ha presionado a la OPEP+ para que aumente la producción con el fin de no perjudicar la recuperación económica mundial.