Esta semana la inflación de Estados Unidos ha dado un pequeño respiro, pues en abril ha bajado al 8,3%. El petróleo sigue representando un importante problema, y es que la inflación se ha convertido en el principal foco de problemas este año. La subida de precios se ha extendido por todo el país, especialmente en Miami, donde el alza interanual de los precios está en torno al 10%, algo que no se veía desde principios de la década de los 80.

Hay una cierta creencia de que el 8,5% del mes de marzo haya marcado el pico de esta fuerte oleada. Recordemos que, hasta el mes de abril, el IPC había seguido subiendo de manera ininterrumpida durante 7 meses. Esta situación llevó a la Fed a acelerar la subida en los tipos de interés, subiéndolos incluso en 50 puntos básicos en mayo. Pero lejos de parar, Biden ha anunciado que tendría en mente realizar una nueva subida por la misma cantidad en junio, y otra más en el mes de julio.

En el caso de que ni con estos ajustes la inflación empiece a bajar, la Reserva Federal está dispuesta a ser aun más agresiva, hablando incluso de subidas de tipos de 75 puntos básicos. Estarán dispuestos, por lo tanto, a acelerar todo lo que sea necesario. Como consecuencia, el dólar se ha visto fortalecido, mientras que las Bolsas están sufriendo fuertes caídas. El reto que tiene en este momento la Fed es, principalmente, enfriar la economía para contener la inflación sin llegar a provocar una recesión.

Por lo que a las Bolsas europeas se refiere, ayer volvieron a acercarse a niveles de soporte de gran importancia. Precisamente, en el ámbito de las divisas uno de los pares que más se ha visto afectado ha sido EURUSD, el cual realizó fuertes caídas hasta colocarse en el suelo clave de 1,04, acercándose peligrosamente a la paridad, algo que, con el panorama actual, no se termina de descartar. Sin embargo, nos encontramos en una zona de rebote histórica, principalmente del año 2016, que es necesario controlar.

Si hablamos de contrastes tenemos que fijarnos en el Banco de Japón, quien ha asegurado que no tiene ninguna prisa en modificar su política monetaria a pesar de la fuerte subida de la inflación y a la fuerte depreciación del yen japonés, considerando que solo es temporal. Se tiende a pesar que esta caída del yen se debe a la comparativa de condiciones económicas con respecto a Estados Unidos y Europea, principalmente.

Según se explica, el aumento del IPC en este último caso sería debido al precio de la energía y a las importaciones, recalcando la transitoriedad de las mismas. "La economía japonesa sigue en camino de recuperarse de la pandemia. Además, como Japón es importador de materias primas, el aumento de los precios de éstas provoca una salida de ingresos y, por lo tanto, ejerce presión a la baja sobre la economía", señaló una de las opiniones recogidas en el informe.

Esta reflexión hace que sea necesario que el Banco continúe la poderosa flexibilización monetaria actual.