El petróleo ha sufrido una importante caída en estos últimos días por el temor a una recesión. También los metales industriales están sufriendo en este momento una importante corrección. Ya se está hablando incluso de la posibilidad de que el BRENT cotice en los 65 dólares para finales de 2023, en el caso de que la recesión pueda llegar a paralizar la demanda.

Estas previsiones se basan en la ausencia de cualquier tipo de intervención por parte de los productores de petróleo bajo la agrupación de la OPEP+. Recordemos que el aumento de los precios de la energía también motiva a una fuerte inflación en muchas economías, algo que despierta el temor, junto con las altas tasas de interés, a una recesión. Por el momento, para poder seguir mejor el camino que tome el petróleo, es conveniente estar pendientes de los principales indicadores económicos de las grandes potencias.

En solo un mes el petróleo WTI ha registrado más de 20 dólares de caída, aunque está claro que por el momento no se ha reflejado en el precio del combustible en muchos países. Según muchas empresas aseguran, esto es debido a que a nivel nacional no se habían subido los precios cuando aumentaron las cotizaciones en mayo y junio, afirmación que no termina de convencer del todo.

El histórico nos muestra claramente que las caídas del petróleo no se reflejan en una bajada proporcional en el precio del combustible. Este hecho también se ha explicado como el conocido “efecto pluma”, lo que significa que en el momento de bajar los precios del petróleo, el descenso es mucho más lento que en el caso contrario de que estos aumenten en la reacción de los precios del carburante.

Además, también hay que tener en cuenta los impuestos. El consumidor paga hasta un 60% en impuestos cuando llena el depósito, ya sea con gasolina o diésel. Este es el gran motivo por el que el combustible nunca bajará tan rápido como el petróleo. Al tener que soportar siempre la misma presión fiscal, de poco ayuda la caída del crudo en el corto plazo.

A esto le tenemos que sumar el margen que se llevan las petroleras y las refinerías, lo que también repercute en el precio por la transformación, transporte y comercialización del producto.

Entre impuestos y costes fijos, aunque el petróleo estuviese a 0 euros un litro de gasolina nunca se vendería a 0 euros. Esta situación ya se vivió en los momentos más crudos del coronavirus cuando el barril de tipo West Texas, referencia en Estados Unidos, llegó a caer hasta los -40 dólares.

Por otro lado, aunque suban los precios, la demanda no cae en la misma proporción por las necesidades de la población. Por otro lado, los coches que usan combustibles que no sea la gasolina o el diésel no son representativos, la competencia en el mercado no es elevada pese a las gasolineras low cost y la intervención del Gobierno es reducida.